Malevolencia organizacional aplicada a la diversidad lingüística y cultural
1. Roma y las lenguas que se llevó consigo su propio silencio
Antes de que el latín se convirtiera en la lengua de medio Mediterráneo, la península itálica hablaba etrusco, osco, umbro y decenas de otras lenguas con sistemas de conocimiento propios: agrícolas, rituales, médicos. Roma no impuso el latín de un día para otro ni con un decreto único; lo hizo mediante colonización administrativa, reclutamiento militar, ciudadanía condicionada al uso del latín y, con el tiempo, el simple peso de que toda oportunidad económica y política pasaba por hablarlo (Woolf, 1998). El etrusco, lengua de una civilización con siglos de desarrollo urbano y religioso propio, se extinguió como lengua hablada hacia los primeros siglos de nuestra era. Hoy, dos milenios después, los especialistas siguen sin poder traducir con certeza buena parte de los textos etruscos que sobreviven, porque la lengua que podría haberlos explicado desapareció junto con sus hablantes.
Lo que Roma ganó con esa uniformización fue administración más simple y una identidad imperial compartida. Lo que perdió, sin saberlo entonces, fue irrecuperable: los sistemas agrícolas, los calendarios rituales y el conocimiento médico que las culturas itálicas y provinciales habían acumulado durante generaciones en sus propias lenguas, y que jamás se tradujeron por completo antes de que sus hablantes dejaran de existir como comunidad lingüística. Cuando el Imperio de Occidente colapsó en el siglo V, la uniformidad lingüística que se había impuesto durante siglos no impidió la fragmentación en decenas de reinos rivales; lo que sí impidió fue que Roma, o quienes la sucedieron, pudieran recurrir de nuevo a ese conocimiento diverso que había existido antes de la conquista. La riqueza que se homogenizó no volvió jamás, ni siquiera para quien la había absorbido.
2. La paradoja: nadie destruye una lengua para empobrecerse a sí mismo
Ningún imperio ni ningún estado impone una lengua sobre otra buscando, como fin, quedarse más pobre. Todo sistema de poder actúa orientado a lo que cree que es su beneficio (Baumeister & Vohs, 2007): control administrativo, cohesión política, seguridad interna. Pero la evidencia científica actual sobre diversidad biocultural muestra algo que ningún imperio de la historia pudo prever con los medios de su época: cada lengua que desaparece se lleva consigo, de forma irrecuperable, un cuerpo de conocimiento que ninguna otra lengua puede reconstruir por completo.
2.1. Lo que se pierde no es folclore: es conocimiento aplicado
Cámara-Leret y Bascompte (2021), en un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, cuantificaron algo que hasta hace poco era solo intuición: la mayoría del conocimiento médico tradicional sobre plantas —remedios, dosis, combinaciones desarrolladas durante generaciones de observación empírica— existe documentado en una sola lengua indígena, sin traducción a ninguna lengua mayoritaria. Cuando esa lengua se extingue, ese conocimiento médico específico se extingue con ella, de forma total y sin posibilidad de recuperación, incluso si la planta que lo contenía sigue existiendo en algún bosque. Maffi (2005), revisando dos décadas de investigación sobre diversidad biocultural, documentó el mismo patrón a mayor escala: las regiones del planeta con mayor diversidad lingüística coinciden, de forma sistemática y no casual, con las de mayor biodiversidad, porque las lenguas indígenas codifican, en su vocabulario y su gramática, generaciones de observación ecológica detallada sobre el territorio específico donde se hablan. Borrar la lengua no es solo borrar una forma de hablar: es borrar el archivo donde vivía ese conocimiento.
2.2. La imposición lingüística como forma de imperialismo, y su costo de largo plazo
Phillipson (1992), en su estudio clásico sobre imperialismo lingüístico, documentó cómo la imposición de una lengua dominante —históricamente el inglés en el contexto que él analizó, aunque el mecanismo aplica a cualquier lengua impuesta desde el poder— no ocurre por superioridad intrínseca de esa lengua, sino por la conveniencia administrativa, económica y política de quien la impone. El problema es que esa conveniencia de corto plazo tiene un costo que el propio imperio o estado que la impone rara vez calcula: la desconexión entre el poder central y el conocimiento local que solo existía en la lengua suprimida. Un funcionario colonial que no puede leer los sistemas de rotación de cultivos codificados en una lengua indígena, o un estado moderno que no puede consultar el conocimiento acumulado sobre gestión de un ecosistema específico porque la lengua que lo contenía fue prohibida generaciones atrás, no está gobernando con más información: está gobernando con menos, y no lo sabe hasta que la necesita.
2.3. La factura empírica: trauma histórico y su costo social medible
Brave Heart y DeBruyn (1998), documentando el impacto de la supresión lingüística y cultural forzada en comunidades indígenas de Norteamérica, describieron el concepto de duelo histórico no resuelto: el trauma acumulado a través de generaciones cuando una comunidad entera pierde, de forma forzada, su lengua, su territorio y sus formas de vida, sin que ese duelo colectivo tenga jamás un cierre reconocido. Ese trauma no se queda contenido en la comunidad que lo sufrió: se traduce, documentan las mismas autoras, en tasas más altas de suicidio, adicción y violencia doméstica que persisten generaciones después del hecho original —y esas consecuencias, cuando ocurren dentro de las fronteras del mismo estado que causó el daño, se convierten en un costo social y económico que ese estado termina pagando indefinidamente, mucho después de que cualquier beneficio administrativo de la supresión lingüística original se haya diluido en la historia.
3. El catálogo de la asimilación forzada: tres formas de un mismo error
Los imperios coloniales europeos (España, Reino Unido y Francia). La imposición del español, el inglés o el francés sobre cientos de lenguas indígenas en América, África y Asia buscaba el control administrativo total (Phillipson, 1992). El costo de retorno, documentado hoy por la ciencia de la conservación biocultural, es literal: Cámara-Leret y Bascompte (2021) muestran que buena parte del conocimiento medicinal indígena de plantas tropicales —justo las regiones más colonizadas— nunca fue traducido a ninguna lengua europea antes de que sus lenguas originales empezaran a desaparecer, y hoy la industria farmacéutica global invierte fortunas en bioprospección tratando de recuperar, mediante ensayo y error, un conocimiento que existía documentado, de forma precisa, en lenguas que la propia colonización ayudó a extinguir.
Estados Unidos y Canadá: el sistema de internados. Durante los siglos XIX y XX, ambos países prohibieron el uso de lenguas nativas en internados forzosos, separando a niños indígenas de sus familias durante años con el objetivo declarado de «civilizarlos». La Comisión de la Verdad y Reconciliación de Canadá (2015), en su informe final, documentó esta política como una forma de genocidio cultural, y calculó miles de muertes infantiles dentro de estas instituciones. El costo de retorno, medido en las cifras oficiales de ambos gobiernos, es doble: por un lado, miles de millones de dólares destinados hoy a programas de reparación, salud mental y reconciliación; por otro, el trauma histórico documentado por Brave Heart y DeBruyn (1998), que sigue alimentando crisis de salud pública, adicción y desintegración familiar en comunidades indígenas generaciones después de que los internados cerraran. Ningún ahorro administrativo de la política original compensa, ni de lejos, lo que ambos países gastan hoy tratando de reparar sus consecuencias.
China imperial y moderna: la unificación bajo una sola lengua dominante. Dinastías sucesivas presionaron durante siglos por la unificación lingüística bajo variantes del chino han, marginando lenguas de pueblos fronterizos —proceso bien documentado en la historia imperial china, análogo en su lógica a la latinización romana. En el periodo contemporáneo, organismos internacionales de derechos humanos y comités de Naciones Unidas han expresado preocupación por políticas de educación y uso lingüístico que afectan a comunidades tibetanas, uigures y mongolas, mientras que el gobierno chino sostiene que estas medidas responden a objetivos de cohesión nacional, desarrollo económico y seguridad frente al separatismo. No corresponde a este artículo arbitrar esa disputa, que sigue activa y politizada; lo que sí es consistente con el patrón histórico de este texto es que la tensión social documentada en estas regiones, y el gasto en seguridad interna que un estado destina a sostener una política de asimilación resistida, son ellos mismos un costo de retorno medible —independientemente de cómo se valore políticamente la política que lo origina.
4. Lo que la civilización viva hace distinto: escuchar antes de asimilar
Señalar el problema sin ofrecer una alternativa deja al lector solo con el diagnóstico. La Teoría de la Vida DASBIEN (Figueroa Cárdenas, 2010, 2025, 2026) ofrece un marco preciso para entender qué le falta a una política de asimilación forzada, y qué necesitaría un estado o una civilización para no repetir el mismo error.
4.1. El Triángulo del Amar aplicado a la política lingüística
DASBIEN define el amor como práctica interaccional orientada al bienestar del otro, mediante tres momentos: subjetivar (conocer genuinamente qué necesita y qué sabe la comunidad cuya lengua se quiere homogenizar, en sus propios términos), intencionar (actuar buscando su bienestar real, no solo la conveniencia administrativa de quien gobierna) y retroalimentar (verificar si la política realmente produjo el bien que se prometió, y corregir si no fue así). Toda política de asimilación forzada de este artículo omitió el primer momento por completo: ningún imperio se detuvo a preguntar, antes de imponer su lengua, qué conocimiento agrícola, médico o ecológico se perdería con ella. Esa omisión inicial es la que garantiza, siglos después, que el conocimiento perdido no pueda recuperarse ni siquiera cuando el propio poder que lo destruyó querría tenerlo de vuelta.
4.2. La Zona de Equilibrio de Interacción a escala civilizatoria
La teoría propone la Zona de Equilibrio de Interacción (ZIE): una relación entre culturas es sana solo si fortalece a ambas partes sin destruir la diversidad que las conecta con su entorno. La pregunta ZIE aplicada a cualquier política de unificación lingüística tiene tres brazos: ¿esta decisión fortalece de verdad al poder que la impone, más allá de la administración inmediata? ¿fortalece a la comunidad cuya lengua se margina? ¿el conjunto —el conocimiento acumulado de ambas partes— queda mejor o peor después? Ninguna de las políticas de este artículo pasa esa prueba en su balance final, y lo que acumulan, en los términos de la propia teoría, es entropía no reparada: conocimiento perdido que ninguna disculpa oficial, por sincera que sea generaciones después, logra restituir.
5. La reparación, cuando finalmente llega
A diferencia de otros artículos de esta serie, aquí no hace falta inventar un final esperanzador: las reparaciones, aunque tardías e incompletas, ya están ocurriendo en algunos de estos casos. Canadá emitió una disculpa oficial por el sistema de internados y financia hoy programas de revitalización de lenguas indígenas que antes prohibió por decreto. Diversos países latinoamericanos, herederos de la colonización española, han incorporado la educación intercultural bilingüe como política de estado, reconociendo tardíamente que las lenguas indígenas que sus propios antecesores marginaron contienen conocimiento ecológico que la ciencia contemporánea necesita para enfrentar la crisis de biodiversidad (Maffi, 2005). Ninguna de estas reparaciones devuelve el etrusco, ni resucita las lenguas ya extinguidas del todo. Pero cada una confirma la misma lección: el camino de vuelta, aunque incompleto, empieza siempre por lo que estas políticas omitieron desde el principio —preguntar, antes de imponer, qué se está a punto de perder.
6. Diez preguntas para cualquier política de lengua, educación o cultura
- ¿Qué conocimiento —agrícola, médico, ecológico— existe hoy solo en una lengua que nuestra política está debilitando?
- ¿Le preguntamos alguna vez a la comunidad cuya lengua buscamos homogenizar qué se perdería con ello, o decidimos sin consultarla?
- ¿Estamos midiendo el éxito de esta política por la administración que simplifica, o también por el conocimiento que podría estar destruyendo?
- ¿Qué costo social —salud mental, cohesión, conflicto— estamos ya pagando por una asimilación impuesta generaciones atrás, y seguimos sin reconocerlo del todo?
- ¿A quién llamamos «atraso» o «amenaza a la unidad» para poder justificar un daño que no le haríamos a una cultura que respetamos como igual?
- ¿Qué reparación concreta debemos —revitalización lingüística, educación intercultural, documentación del conocimiento que aún queda— y qué nos cuesta más: iniciarla ahora o seguir postergándola?
- ¿Nuestra política de lengua o cultura se corrige con retroalimentación real de las comunidades afectadas, o solo se anuncia y se sostiene pase lo que pase?
- ¿Cuánto gastamos hoy en seguridad interna o en programas de reparación por tensiones que una política de asimilación pasada, o presente, sigue generando?
- ¿Recibimos el conocimiento que las culturas diversas dentro de nuestras fronteras podrían aportarnos, se lo devolvemos con políticas que las fortalezcan, y protegemos su derecho a existir sin condiciones? ¿O tenemos los tres canales cerrados?
- Si esta lengua o esta cultura desapareciera por completo bajo nuestra política, ¿qué perderíamos que ya no podríamos recuperar jamás, y estamos dispuestos a esa pérdida?
7. Conclusión: lo que no vuelve
La evidencia converge en una advertencia incómoda para cualquier poder que haya considerado alguna vez la asimilación forzada como estrategia: de Roma a los internados de Norteamérica, de la imposición colonial europea a cualquier política contemporánea de unificación lingüística, ninguna de estas decisiones ha dejado, en el balance final, a quien las impuso más rico de lo que era antes. Se gana administración simplificada y cohesión aparente; se pierde, de forma irrecuperable, conocimiento agrícola, médico y ecológico que ninguna otra lengua puede sustituir por completo, y se hereda, generaciones después, un costo social y económico que supera con creces cualquier ahorro original.
La responsabilidad aquí también es doble. La primera es política: antes de homogenizar una lengua o una cultura, preguntar qué conocimiento específico se perdería, y calcular ese costo con el mismo rigor con que se calcula el beneficio administrativo. La segunda es civilizatoria: entender que la diversidad lingüística no es un obstáculo para la cohesión de un estado, sino, según toda la evidencia científica actual sobre biodiversidad y conocimiento tradicional, una de las reservas de conocimiento más valiosas que ese mismo estado tiene a su disposición. Lo que se calla por decreto no vuelve por decreto. Y la historia, con la misma paciencia que aplicó a Roma, sigue cobrando esa cuenta a quien la firma.
Referencias
Baumeister, R. F., & Vohs, K. D. (2007). Self-regulation, ego depletion, and motivation. Social and Personality Psychology Compass, 1(1), 115–128. https://doi.org/10.1111/j.1751-9004.2007.00001.x
Brave Heart, M. Y. H., & DeBruyn, L. M. (1998). The American Indian holocaust: Healing historical unresolved grief. American Indian and Alaska Native Mental Health Research, 8(2), 60–82. https://doi.org/10.5820/aian.0802.1998.60
Cámara-Leret, R., & Bascompte, J. (2021). Language extinction triggers the loss of unique medicinal knowledge. Proceedings of the National Academy of Sciences, 118(24), e2103683118. https://doi.org/10.1073/pnas.2103683118
Figueroa Cárdenas, A. K. (2010). Das Bien. Fondo Editorial de la UNMSM.
Figueroa Cárdenas, A. K. (2025). Teoría de la Vida DASBIEN. Editorial Tecnologías Dasbien. https://doi.org/10.5281/zenodo.18103336
Figueroa Cárdenas, A. K. (2026). Teoría de la Vida DASBIEN, Parte II. Editorial Tecnologías Dasbien. https://zenodo.org/records/20278696
Maffi, L. (2005). Linguistic, cultural, and biological diversity. Annual Review of Anthropology, 34, 599–617. https://doi.org/10.1146/annurev.anthro.34.081804.120437
Phillipson, R. (1992). Linguistic imperialism. Oxford University Press.
Truth and Reconciliation Commission of Canada. (2015). Honouring the truth, reconciling for the future: Summary of the final report of the Truth and Reconciliation Commission of Canada. Government of Canada.
Woolf, G. (1998). Becoming Roman: The origins of provincial civilization in Gaul. Cambridge University Press.